¿Quién soy?
Quién soy es la pregunta que más me hago; tal vez es la búsqueda más importante, la que no se acaba.
Si me preguntan quién soy, muchas veces no sé qué responder.
Por mucho tiempo respondí automáticamente con lo que hacía.
Entendí que saber lo que hago no me dice todo sobre lo que soy.
¿Qué compone lo que soy?
Si pudiera decidir cómo ser recordado, ¿qué elegiría?
No tengo muy claro quién soy todavía, pero desde hace un tiempo decidí que no quiero limitarme a una sola versión de mí mismo, porque estoy en constante transformación.
Intenté definirme con muchas palabras, oficios y nombres extravagantes.
Pasé de ser mi nombre, a ser mis notas, a ser mi título, a ser mi trabajo, a ser mi cargo… hasta que me di cuenta de que de verdad no sabía quién era.
Escribir es un esfuerzo por recordarlo.
También es un intento por hacer de la acción mi instinto primario, mi forma natural de responder a las ideas.
Me propuse el experimento de hacer las cosas que quiero sin sacar ninguna excusa.
Como que hice un pacto con mis caprichos.
Si hay algo que siento que quiero hacer, lo hago sin supuestos, sin miedos, sin expectativas.
Si hay un patrón que se ha repetido en mi vida de manera constante, es la necesidad absoluta de construir algo desde cero y la mezcla de excusas, intentos fallidos y proyectos dejados a medias.
Ya no me da pena decir que llevo años diciéndome que voy a empezar algo… y no haciéndolo. Porque nada parecía convencerme.
En ese punto decidí construirme a mí mismo.
Luego alguien me preguntó qué haría si pudiera elegir qué hacer todos los días de mi vida.
Y respondí -sin pensarlo- que me dedicaría a aprender muchas cosas. A hacer muchas cosas.
Este es un esfuerzo por compartir lo que voy aprendiendo.
Como un diario de campo abierto.
Tal vez una forma de documentar en público lo que voy pensando mientras me encuentro.
Y ojalá una forma de encontrarnos juntos.